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martes, 15 de septiembre de 2009





si quieres bailar conmigo

esa canción tan bonita

aún no existe todavía

pero es mi canción preferida



Albert Pla
*

lunes, 22 de junio de 2009

tardes de resaca, de preguntas retóricas y mucho, mucho trabajo




Siento esperanza al tumbarme a tu lado y respirar,
noto una cúspide, un vacío, una cúspide... y paz.
Es bien igual que partir los versos.
Luego te marchas y hay una amenaza de sed de venganza
en noches de danza, de caza, de mal –según cómo se mire.
Muy, muy igual que romper los versos.
Me convierto al salvajismo los días que no estás,
he aprendido a meterme fuego, a dormir con ruidos.
Tan parecido a destruir los versos.
Así que aquí estaré, te esperaré metido en la leñera,
te esperaré hasta que el tiempo me vuelva ceniza,
o quizá hasta antes, si te parece.
Lo mismo que el amor, según dicen.
Lo mismo que el odio, y que matar a según quién.
Galopa recuerdo de crin, verso impuro, paño de sed.
Joderos: la luna es una piedra.





Lluis Pons Mora


*

sábado, 4 de abril de 2009





Una vez me habló de un joven turista irlandés al que había recogido en el coche cuando iba a un congreso de profesores de literartura cerca de Tivón. Eran las cuatro de la tarde de un lluvioso dia de diciembre, hace un año y medio. Tuvo que encender muy pronto los faros, por la niebla y por lo cortos que son esos días. Justo cuando lo hizo, las luces dejaron ver una esbelta figura con el pelo largo; desde la distancia, parecía una chica al borde de la carretera, con una mochila inmensa, haciendo con el brazo unos ademanes inusuales en este país. Cuando el viajero se sentó a su lado con la mochila empapada sobre las piernas, vio un trozo de tela cosido a lo ancho de la bolsa en la que estaban impresas, en inglés, las palabras "todo lo que necesitas es amor". Ambos, el chico y la mochila, chorreababn agua de lluvia.


La tarde anterior había salido de su casa, en la ciudad de Galway; y durante la noche había cruzado en autoestop la isla de Irlanda; esa mañana había cogido el avión de Dublín a Birmingham, desde donde había llegado, dos horas antes, en un vuelo chárter. Venía a buscar a una muchacha que se llamaba Dafni, que al parecer trabajaba como voluntaria en uno de los kibbutzim de Galilea. No sabía su apellido ni el nombre del kibbutz. Dafni. De Liverpool.

A ella le gustaban los corderos y los espacios abiertos. Soñaba con ser pastora. Él nunca había estado en Israel, pero llevaba un mapa en el que se veía que Galilea no era tan grande. Podía ir de un kibbutz a otro hasta encontrarla. Tenía tiempo de sobra. Y en realidad, según su opinión, la falta de tiempo es una paradoja contraria al secreto de la vida. Si se le acababa el dinero, intentaría que lo contrataran para cualquier trabajo eventual en cualquier sitio, lo que fuera, no le importaba, en casa ayudaba a un carpintero, en Portugal había puesto líneas de teléfono, una vez había actuado en un pequeño cabaret de Copenhague, cantando canciones de folclóricas del oeste irlandés. El que tiene un poco de piedad, encontrará piedad en todas partes.






No digas noche, Amos Oz.




*

miércoles, 1 de abril de 2009



Tu amor, que comenzó como una hilera
finísima de cielo en las paredes
dormidas de mi cuarto,
ha terminado por llenarlo todo
de luz, de tanta luz
que abrasa.



Julio Rodríguez.


*

Me envían sol, que entra por la escalera.

*

martes, 10 de marzo de 2009

Domingos bajo las sábanas, Carlos Marzal.

Vuelve a la cama y tápame de nuevo,
que aquí bajo las sábanas no hay nada
que pueda hacernos daño. En esta almohada
se encuentra la frontera de los sueños.
Anoche-aunque era sábado-juraste
que en la ciudad, sin mí, no hay aliciente.
No te lo tomo en cuenta, soy consciente
de que hablaban en ti los dioses bares.
Pero si algo de aquello aún está vivo,
por pequeño que sea ya es bastante,
para perder, de ahora en adelante,
esta triste mañana de domingo.
Perderemos el tiempo y perderemos
el uno por el otro la cabeza,
pues la más cierta de cualquier certeza
es que es buena ocasión para perdernos.
Vuelve a la cama ya, tras la ventana
no ocurre nada digno de memoria:
la calle, la ciudad, la misma historia
que ocurre cuando nunca ocurre nada.
La vida en este hotel, no ha de encontrarnos
mientras tú y yo queramos que así sea.
Esa vide que aturde y nos marea
ha de dejar de ser así si nos tapamos.
Las aguas del domingo arrastran lejos
a la ciudad deshecha que nos cerca
y que aún amamos de forma terca
con el afecto idiota de los perros.
¿Quién dijo que cualquier cuerpo fatiga
y aburre, al despertar, por conocido?
Si yo lo dije estaba confundido,
tu cuerpo es la excepción a ese sofisma.
Si no es perfecto, está pensado al menos
para que crezca firme en su interior
esa maldita e inmarcesible flor
del benigno demonio del deseo.
La he llamado maldita porque así
me enseñaron los Padres Dominicos.
Y tenían razón, pues ha hecho añicos
más de un buen nombre y más de un porvenir.
Pero teniendo en cuenta que el buen nombre
ya lo he hechado a perder, y que el futuro
pertenece al azar y es inseguro,
quiero que tu demonio me conforme.
Vuelve y no hagamos caso de la luz.
La noche de ayer aún nos dura.
Nos reiremos de la literatura,
que es un arte menor cuando estás tú.
Ya ves que desvarío, ven aquí
o seguré diciendo tonterías,
y aunque te gusten mis filosofías
vuelve a la cama et qu´on n´en parle plus.
*

martes, 10 de febrero de 2009






Soy una voyeur de señales.
*

sábado, 7 de febrero de 2009

Acerca de mí.





Entonces,
por evitar todo el silencio,
me puse a hablar.


Te re-conozco
(sin conocerte)
de hace tiempo y te digoque a veces los ojos se me llenan de sal.
(es un secreto)

Que lo más bonito son mis piernas,
con las que puedes hacerte un nudo
metafóricamente hablando,
claro,
o inmovilizarme verbalmente.
durante un rato.

Regalo dolores con descuento
y un 2x1 en la siguiente compra
a quien menos lo merece.


No sé elegir lo que quiero
carezco de un algo favorito
y me he hecho perezosa con los años.

Me emborracho en los impares,
no sé deshacer paquetes con lazos
y puedo guardar tu esencia en tres poros distintos.
Tu ausencia, es más difícil.

Me preocupo de perderme por las calles,
nunca llego a ningún sitio.
A veces aprovecho los escalones para sentarme
y calentarme las manos entre las rodillas.

Me lío, me lío la manta a la cabeza
tropiezo a menudo conmigo misma,
me excuso, me perdono, y sonrío
Y suelo prometerme que no lo volveré a hacer.

{Busco farolas que alumbren sueños.
Creo en los cuentos para niños.}

Guardo una constelación en la espalda
Se lamer de veintisiete formas.
Extrañamente ronronean mis huesos
cuando busco el calor que desprenden los tuyos.


No soy fiable al 33 por ciento
utilizo los dientes para casi todo
Soy pretéritamente imperfecta
Y me ofrezco treguas que siempre rechazo.


No soy ni de Febrero ni de Marzo.


Soy la indómita gata de zinc que ahora merodea en tu tejado.



*



Foto, de Yayo.

viernes, 23 de enero de 2009

perdonen este parentésis (ligeramente absurdo)



{Apareciste entre los jerseys de punto de colores a 9,90 euros cuando intentaba buscar una camisa sin darme cuenta que me equivocaba de montón.
Me costó abrirte, no creas, tu pre-cinto era bastante reticente a dejarte libre y podías imaginarte que uno de mis leves pecados es la impaciencia
(creo que pensé en utilizar los dientes).


Pero ahora que te he desempaquetado, me estorbas y te caes del armario cada vez que lo abro para dejar libres a los monstruos que se pasean por la habitación.

Así que para no tropezarnos en el mismo espacio, he aprendido a trepar hasta el techo y ensayo sonidos incongruentes frente al espejo que puedan darte miedo. También me invento palabras, para no poder entendernos.


Sé que no es la actitud correcta,


pero lo peor de todo
(lo peor de todo!)

es que me ha caducado el plazo de devolución.}
*

domingo, 18 de enero de 2009

cosas que encogen mi corazón arrítmico



Natalia tiene 16 años. Procede de Kivu Meridional y fue reclutada por la RCD-Goma cuando tenía 12 años: «Vivía en mi aldea con mi madre y mis hermanos y hermanas. Un día los mayi-mayi atacaron nuestra aldea. Los soldados robaron todo lo que teníamos. Unos días más tarde, la aldea volvió a ser atacada por la RCD-Goma, que nos acusó de colaborar con los mayi-mayi y proporcionarles comida.

Presencié cómo los soldados mataban a muchos de mis familiares de la aldea y violaban a mis dos hermanas y a mi madre.


»Estaba escondida, pero vi cuántos soldados violaban a mis hermanas y a mi madre. Estaba asustada y pensé que, si me alistaba en el ejército, estaría protegida. Quería defenderme. Una vez en el ejército, aprendí a llevar y a utilizar un fusil e hice guardias nocturnas y diurnas. Era horrible porque yo sólo tenía 12 años y los otros soldados a menudo me golpeaban y me violaban durante la noche.

Un día, un comandante quería convertirme en su esposa e intenté escapar. Me capturaron, me azotaron y me violaron durante muchos días.


»Tuve un hijo cuando sólo tenía 14 años. Ni siquiera sé quién es su padre. Me volví a fugar y esta vez conseguí escaparme. Pero hoy no tengo adonde ir ni comida para el bebé y temo volver a casa porque he sido soldado».






*

miércoles, 7 de enero de 2009








Pienso,
Que si escribiera para desahogarme
sería mejor que probase a correr

y sudar de verborrea y matar mi timidez
y me cansara
más
de lo que te cansas tú.


A veces, tengo miedo.
y sólo echo de menos una cosa:
Tu palabra.


Así que anoto muchas, aunque no tengan sentido
Y me obligo a recordarme que aún
(aún)
sigo aquí por bastante tiempo.

Escribo
para caer en los mismos errores,
por si en algunos de ellos vuelvo a tropezar contigo,

y
sin demostrar nada a nadie
que ya tengo trece años en cada pierna
y medio en algún pliegue de mi ombligo.


Escribo para ocupar algún espacio
perdido
en medio de mis costillas.


Escribo dando pasos en falso
esperando que vuelvas,
para ser niña otra vez
y no renunciar a aullar a la luna.

Pero créeme:
Escribiendo,

no busco justificación.





Y cuando vuelvas, si te decides a volver,


yo


puede


que también esté.










*

Foto del Rocamar, José Suárez López.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Fin de 2008.

Un elemento imaginativo para terminar el año, aquel que dibujé en el armario de las plantitas de la que fue un tiempo mi casa de Bilbao, donde pasé la Nochevieja hace un lustro ya.








De éste......
me quedaría con úna noche en particular + un par de meses inexactos + horas o días puntuales y sueltos a tenor con la situación,


http://es.youtube.com/watch?v=NoyDmmK2X8A

(Ahí fuera, Pablo Casares)




Feliz Año Nuevo.




El que viene, más. Y perdón si os esperabais un catálogo de buenas voluntades(guiónbarra)propósitos.


Besos.


*

sábado, 20 de diciembre de 2008



a veces, estamos en el centro de lo mirado.
(otras, permanecemos invisibles, aunque gritemos para que vengan a re-cogernos)
Foto, exposición "La casa es la frontera" (Adolfo Manzano)

martes, 16 de diciembre de 2008

Nuevos consejos.



Hacedme caso:


guardaros vuestras buenas palabras,
dejad de hacerme creer

que me comprendeís.


o mejor
dejad de creerlo vosotros.


Alejaros.
Alejaros.
Lo más posible.



Todo lo necesario para que no os alcance,
(no os salpique)

ningún pedazo de mí cuando explote.


Luego,
como buenos amigos
podeís repartiros los despojos.



De nada.


A vosotros.


*

jueves, 23 de octubre de 2008

Días antes, horas antes.


Necesitar,

tener necesidad de una persona o cosa.


Necesidad,

Impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido.

Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.

Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida.



He repasado todos los apuntes de mi carrera, incluso de mi media carrera. Busqué por todos mis libros, los de mi madre, las enciclopedias. Miré debajo de la cama, le hablé al techo de mi habitación.

Le pregunté a la razón (que se fue), a todos mis años, a los veranos, a los otoños, a los bancos de la plaza, a mi experiencia, a mi coherencia.Busqué por el armario, olí mis recuerdos, desempañé el cristal del baño para verme entera.


Le pregunté al sol, a la sal, a las nubes, al mar, intenté ducharme con agua fría para entenderlo.


Abrí la ventana, grité, grité sin que nadie me oyera, tu nombre.


Y al final, lo intenté con las baldosas, que tan bien conocen tus ojos.

También.


Dame una respuesta para entender por qué te necesito constantemente.

O no me la des.



Simplemente, abrázame.

jueves, 16 de octubre de 2008


Sabía que bastaría con sentarme en el reposabrazos izquierdo del sofá mientras comía un helado después de la cena, como siempre acostumbro a hacer, preguntándome aún si había sido buena elección reservar mi vinagre preferido para otra cena más sustanciosa.


Sabía que ésa mirada furtiva, a medias al plato con el pescado ya frío, a medias a mi cara, era el prólogo a la incesante, aunque silenciada, afirmación de siempre. Sabía que había pasado mucho tiempo desde la última vez.


Sabía que no era inofensivo, sino semiincendario ese comentario acerca del montón de pecas que me había sacado el sol de otoño.


Sabía el orden correlativo de la siguiente pregunta. Y que no hay dos sin tres.


Lo sabía, pero esperé que lo hiciera.


Fue mientras recogía el último plato, cuando mi madre me miró y afirmó categóricamente:

"Hija, en esta vida, uno tiene que saber lo que quiere".



Entonces fue cuando salté, y escapé volando por la ventana.